Las trece preguntas
¿Se ha convertido la pantomima dominicana en el epítome de lo absurdo?
¿Está en crisis el conjunto de reglas no escritas que predominan en nuestra siquis colectiva como dominicanos?
¿Vistos los descontentos grandísimos que traen las fricciones entre lo que se espera de nosotros como ciudadanos y lo que como ciudadanos nosotros esperamos de nuestro colectivo, han recurrido amplios sectores de las clases dirigentes a la prestidigitación visto lo ridícula que esta hecha la pantomima diaria?
¿Ha devenido igualdad disimulada de antaño en igualdad simulada, que es lo mismo pero con matices?
¿La superficialidad e ineficiencia toleradas por funcionales, a medida que se perciban más disfuncionales están siendo menos toleradas?
¿Los liderazgos verticales autoritarios respetados por eficientes, a medida que sean menos eficientes serán menos respetados?
¿Están la impotencia y la resignación de los dominicanos entrando en default como recursos finitos que son al fin y al cabo?
¿Se está agotando el recurso insostenible pues -valga la redundancia- es insostenible?
¿Es fricción la interdependencia de un pueblo independiente cada vez más dependiente de actores como aquellos tras la I.E.D. y los servicios extranjeros como Netflix, que por su naturaleza promueven e inducen un “yo” no del todo compatible con las realidades materiales e inmateriales del quehacer diario en suelo quisqueyano, socavando tanto la interdependenica como la independencia? Irónico como el individuo soberano puede traer como efecto secundario la sociedad no-soberana…
¿Somos ahora mismo la sociedad collage buscando manifestar la sociedad mosaica?
¿Es la economía social del tiempo la hermana menos conocida, pero no por ello menos importante, de la economía política del trabajo? Creo que las están poniendo a pelear…
¿Porque nuestros aliados tradicionales del ‘Primer Mundo’ hablan en sus aulas del “yo” híper-diferenciado, más yo observo en la capital dominicana al “yo” que todavía no se ha terminado de diferenciar del otro de manera sana?
Una vez contestadas estas preguntas, creo que podremos explorar una decimotercera que a mi, en lo personal, me inquieta: ¿Hemos caído, en promedio, en la apologia del vicio y el elogio del antivalor?
Dicen que lo peor que le puede pasar al dominicano es ser inteligente. No me sorprende que, en épocas de transición y crisis, escenarios que suelen ir de la mano, aliados tradicionales de países subdesarrollados promulguen leyes que abran la puerta a migrantes del ‘Tercer Mundo’, como el Hart-Celler Act. Me declaro optimista no obstante: el trauma que mermó el amor al estudio y la confianza en el otro, para sustituirla por el miedo que debemos vencer, en las generaciones posteriores a principios y mediados de los años noventa, ha transitado hacia un vector: ya no es miedo, ahora es indignación ante la injusticia. Una cautela: la Generación Z dominicana tiene mucha información, es el “nativo digital”. Pero no es solo tenerlo, hay que saberlo usar: la higiene digital es vital para socavar focos de externalidades como la fatiga y la ansiedad que provoca el caos digital.
De nada sirve la información y las herramientas que usamos para consumirla ademas de diseminarla si no tenemos la sabiduría para saber que podemos cambiar, que amerita practicar el valor de la serenidad del que hablan los filósofos estoicos y místicos de diversas tradiciones porque doy por sentado que el fuego está, y construye con la misma facilidad que destruye…
¡Es cuanto, de mi parte!
Posdata: inspirándome en la teoría de los isomorfismos estructurales, me atrevo a decir que como anda el cuerpo individual, anda el cuerpo social. Hoy por hoy, la inmensa mayoría de los malestares a nivel de salud física son prevenibles, si bien es cierto dicha prevención no recae por la imposibilidad de lo mismo en la responsabilidad personal individual. Hablo de males, patologías no contagiosas, tales como: diabetes tipo 2, otros desordenes hormonales/metabólicos, el exceso de grasa visceral, alteraciones del ritmo cardíaco, depresión, ansiedad…Eso está actualmente agravando.
Así como un individuo con prediabetes, exceso de grasa visceral, alteraciones cardiacas y neurosis elevada debe hacer, quizás sin tener un sistema que se lo permite, cambios en lo que consume, en como piensa, en como emplea su tiempo, me pregunto si como colectivo también debemos hacer lo propio: revisar que entra, que sale, que hacemos y que no hacemos…
