"El grado de civilización de una sociedad se puede juzgar entrando en sus prisiones"
-Fiódor Dostoievski
Hoy pensé en Hugo Chávez. Anda circulando un manifiesto que algunos han tildado de "tecno-fascismo" de una empresa que se llama Palantir. No dejé de identificarme con algunos puntos, pues me inquieta la decadencia occidental y la inversión de valores. Pero las izquierdas, muchas chavistas, han señalado algo: el poder en exceso, sin contrapesos y balances, es delicado. ¡Y es cierto! ¡Aplica a toda la fauna y flora del espectro político: liberales, socialistas, tecnócratas y pragmáticos populistas de centro!
Me sentí conminado a trabajar algo. Creo en el orden y en el respeto a la ley como garantes de la meritocracia necesaria para el progreso y bienestar de las poblaciones que debemos representar los ciudadanos del mundo libre que buscan de la política con principios. En la constitución dominicana, que me permito recordar se ha tildado de hito en el constitucionalismo contemporáneo, tenemos el principio que consagra la legitimidad de la 'discriminación positiva en base a mérito' y su balance necesario: igualdad de oportunidad.
¿Qué quiere decir esto? ¿Que las cosas son del que más las necesita? ¿Que las cosas son del que se las ganó y punto y final y se acabó? ¡Pues las dos son buenas! En los principios organizativos tanto del sector público como privado se ha llegado a la conclusión de que hay que priorizar el balance entre la meritocracia absoluta y la meritocracia relativa.
Esto quiere decir que muchos factores invisibles afectan el resultado individual y que está en los mejores intereses de la sociedad fortalecer tanto al fuerte como al débil. ¿Por qué? Porque la cuerda revienta por lo más fino, mas es cierto que es problemático rellenar la parte más fina de la cuerda con lo que la otra parte necesita porque lo ideal y posible es insertar hilo externo para tener una soga más gruesa. En buen lenguaje casual del español dominicano, desvestir un santo para vestir otro no resuelve el problema si hay monjas que quieren y pueden donar sedas de los gusanos del monasterio donde viven a plenitud su matrimonio con Cristo en la Iglesia Católica.
Escogí esa cita de Dostoievski porque el ruso tiene fama de "duro", mas es en la obra de ese maestro que vemos -en las mejores exposiciones clásicas de siempre- una dureza necesaria para afrontar la adversidad pero con un alma sensible al dolor ajeno. Hay sociedades caóticas porque olvidan que la negentropía necesita de fuerza externa como voluntad política para salir de la entropía. Desvestir un santo para vestir otro no reduce la entropía, solo la cambia de sitio. Quise tocar ese tema porque una mejor sociedad en la negentropía que sucede a la entropía necesita recordar que el mérito absoluto, premiar al que hizo cinco camisetas pudiendo hacer diez sin ningún problema, y obviar a Juancito que con todos los problemas del mundo hizo cuatro aunque le costara más trabajo, implica ignorar la meritocracia relativa. ¡No es la solución! ¡Es acelerar la muerte térmica del sistema! Y, “a la hora del none” como decimos los dominicanos, ¡los dos son los "que más necesitan" de una sociedad cohesionada con instituciones fuertes inclusivas en vez de extractivas!
No quiero caer en sentimentalismo barato. Tampoco quiero subordinar la dignidad a una lógica mercantilista hegemónica. Pero estoy convencido de que una mejor sociedad y una mejor vida, que es para lo que trabajamos, ¡debe salvaguardar que valorar el esfuerzo individual, contextualizando el resultado absoluto a su capacidad relativa, suma al esfuerzo para concretar nuestras aspiraciones colectivas!
FIN.
Posdata: en una próxima entrega, veo menester trabajar el pluralismo laboral que necesitamos. El Caribe y América Latina no deberían copiar mecánicamente ni el fordismo industrial del siglo XX ni el hiperproductivismo tecnocrático contemporáneo, sino desarrollar un modelo multinodal donde distintos tipos de trabajo, ritmos cognitivos y temporalidades convivan para maximizar productividad, cohesión social y bienestar humano. Es importante familiarizarse con temas como la densidad ideal de un colectivo diverso…¿Es una sola? ¡Creo que no! Metafóricamente, el valenciano no quiere ser vasco y el vasco no quiere ser valenciano pero ni el vasco ni el valenciano tienen “el chisme”...

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