Hoy me levanté a primera hora. Había comprado unos claveles rosas para ir al Cementerio de El Pardo, para rendir tributo y respeto a Rafael Leonidas Trujillo en ocasión de su cumpleaños. Es la segunda vez que voy.
Confieso que la primera vez que fuí me entró mucho llanto, tristeza y dolor. Pero creo que eso es bueno. Lloré mi patria que fué. Eso no quiere decir en absoluto una insatisfacción con España. Siempre me he identificado como dominicano, español y francés. ¡Lo sigo haciendo!
Sin embargo, así como siento por muchas banderas, también siento por la de la tierra que me vió nacer y crecer, además de la que me va a nacer y crecer...
En esta ocasión, no obstante, siento que tenía que ir porque no me gusta sentirme desperdigado en el natalicio de ese gran líder que hasta es familia de Francisco Franco, un caudillo inolvidable al igual que el. Pero, no me entró llanto. Creo que ya terminé de llorar al muerto.
Si me emocionó bastante cuando, previo a la parada en la tumba Franco, miré hacia esa dirección y pensé en los más pequeños. Me entró mucho dolor porque veo las muestras de respeto y aprecio allí depositadas, y veo a una juventud, en especial a los más jovencitos, que añora lo que España es y siempre será, si bien es cierto España aún está somnolienta.
No hay pero que valga: la clase política y todo hombre de buena voluntad que siente algo por España tenemos derecho y deber de darle a esa juventud soluciones sin más. El otro día hablé del peligro de la búsqueda de gloria sin sacrificio. Pero, hoy por hoy, admito y exclamo que también es cierto que hay algo igual de problemático: mucho sacrificio, y nada de gloria.
Hay algo que me parece carecer de excusa alguna: aproximadamente 1 de cada 3 jóvenes, teniendo España la juventud más calificada en su historia desde la contrarreforma católica, se encuentra en condición de subempleo involuntario. Es verdad que los jóvenes podemos hacer bastante para mitigar eso. Pero no es menos cierto que a veces el principio de la subsidiariedad amerita dar el visto bueno a medidas que emanen desde las más altas esferas del Poder. Urge, por los más pequeños que necesitan una esperanza, y a los cuales debemos darles soluciones aquí y ahora, un alineamiento entre oferta educativa y demanda laboral. De nada sirve ser ingeniero agroquímico si la patria requiere ingenieros informáticos. Es deber del estado informar eso y actuar en coherencia con su deber.
Es cuanto de mi parte.
