ESP-LATAM
Una exhortación a mis congéneres más jovenes para el cierre del año en curso.
Basado en lo que he vivido, en experiencias que yo he vivido, ya sea de manera individual o junto a mis congéneres de igual o más edad, emito el siguiente llamado para asegurar un próspero y feliz año nuevo, a pocas horas de cerrar el año en curso. He vivido, a mis treinta y tres años que cumplí el pasado penúltimo Viernes de noviembre, algunas experiencias que me llevan a considerarme el que ha vivido bastante desde la entrada a la edad para votar y ser candidato para el congreso, pero bien mucho menos que otros congéneres, colegas, amigos y aliados de mayor edad cronológica. Confieso que me vivo preguntando qué esconden los congéneres y amigos bien entrados en años, que joyas de sabiduría me esconden, quizás por muy buen motivo. Pues siempre hemos dicho que los años enseñan lo que los libros no explican y que la experiencia es la madre de la ciencia, por eso hay que respetar mas las canas con juicio y probidad visto que la juventud, llena de ideales, puede estar igualmente llena de desenfreno. Y esto es importante porque no hay atajo sin peaje. ¿Usted cogio un atajo medio “no-positivo”? ¡Cuida’o si se resbala con el gajo que tiro el que por ahi antes pasó y no tiro la basura al zafacón pa’ priva’ “en vivo”!
Exhorto en primer lugar al cultivo del intelecto con cautela. El saber no cuesta, pero cuando trabajamos en darle valor agregado a nuestra mente, podemos levantar mil envidias, y hay que tener cuidado con el envidioso. La deslealtad es la mas irresponsable y definitiva derrota del honor, y hay personas que para vivir sin patria entregan el honor: ¡ojo pela’o con ellos!
Para muchos de los que leerán esto, es la cuarta república de los dominicanos una base y nave vía la cual “echaremos el pleito” de una manera u otra para cumplir con nuestra misión en la vida, que bien puede ser algo que poco brilla; no todo lo que brilla es oro. Más, incluso para “ponchar” y tener una vida ordinaria “sin fú ni fá” previo a “ponchar” la salida hay que saber desempeñar las labores ordinarias bien. Es de ahi que exhorto a mis congeneres todos a leer tres libros minimo para, como alegó Sun Tzu es necesario para triunfar, “conocer el campo de batalla” desde el cual “echamos el pleito” como le llamamos los dominicanos a la experiencia que es “vivir una vida”.
En el caso de quienes tienen vínculos inexorables con el solio quisqueyano, hago como de costumbre especial énfasis en la obra del profesor Juan Bosch. Lo normal es recomendar “el ABC del pueblo dominicano”, una de sus obras cumbre que lleva como título “Composición Social Dominicana”, aunque hay obras que quizas a algunos les motiven mas, de los ensayos publicados entre 1959-1964, una epoca de transición como la que vivimos hoy, y doy por sentado que cualquiera de esos ensayos levantaran inquietudes y prenderan buenos frutos que por añadidura traeran un mayor cultivo del intelecto. Alguien dijo, con crudeza, no se quien, que lo peor que puede pasarle a un Dominicano es ser inteligente, y por ello reiteró el llamado a la prudencia y la templanza y el respeto a la legítima autoridad: la inteligencia sin red ni institución que la proteja puede volverse una desventaja y más en un entorno que no siempre la soporte.
Es de ahi que, vista la podredumbre de un medio que está tan podrido que creo que ya empezó a “jeder menos” pues inicio a su proceso de humificación, emito una segunda y penultima exhortación a mis congeneres: huir de todo lo malo, repugnarlo y emprender entre los impíos el camino de la rectitud y servidumbre a Dios, yo quien testificó en su nombre que Él existe, castiga a los inicuos y premia a los justos. También, en buen dominicano, creo que “aprieta pero no ahorca”.
Veo de particular interés y relevancia el fortalecimiento de la salud física y mental, y del buen carácter del hombre, algo de interés geoestratégico visto los últimos acontecimientos del último trimestre del año que termina hoy. En otras palabras, las pasiones, vicios, vanidades, ilusiones e ignorancias esclavizantes son algo menester de sopesar ir dejando. Como me dijo mi maestro de Systema: los vicios hay que dejarlos. ¿Porque? Porque esclavizan y nos hacen debiles, y queremos ser libres y fuertes….
Las oportunidades sagradas pueden aparecer en cualquier instante. Así como Cristo prometio su retorno en las escrituras, exhortó con igual ahínco al cumplimiento del deber de estar siempre alertas, pues nadie sabe ni el día ni la hora. Por eso, veo menester fomentar el valor de la vigilancia en concordancia con lo dicho por el General y patricio Ramón Matías Mella: es pecado capital cuando echamos un pleito el dejarse sorprender. ¡Preparación, preparación y preparación! ¿Como? ¡Vigilancia, constancia y coherencia!
Cierro estas líneas con una cita del Libro de los Proverbios: El Señor detesta el uso de las balanzas adulteradas, pero se deleita en pesas exactas. ¿Qué nos dice el autor de este magistral tratado que ha cambiado más de mil vidas? Tengamos buena vara, y usémosla bien.
Es válido, comparto como abogado autorizado por S.E. Luis Abinader a ejercer la profesión del Derecho vía exequatur, familiarizarse con los instrumentos legales-jurídicos que buscan regular la ética y moral de nuestras actividades cotidianas, porque el respeto al derecho ajeno es la paz y el ser justo es prerrequisito para la felicidad. Y el punto de partida por excelencia para ver como se ve en la práctica el respeto al derecho ajeno y que es lo que es justo lo encontramos en las fuentes de derecho: tratados, leyes, reglamentos, buenas costumbres (consuetudinario), sentencias (jurisprudencia) y las opiniones de expertos como las declaratorias que no son “legalmente vinculantes”, pero quizás deberían serlo.
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