La unidad de un pueblo: condición sine qua non para el progreso y el orden
El progreso y el orden institucional no surgen solo de voluntades individuales, sino también de la cohesión colectiva y la subordinación de los intereses particulares al bien común. La unidad exige madurez para reconocer que cada figura pública tiene un momento y una función específica. Así, un dirigente con alta exposición como Carolina Mejía podría ser la voz diaria de su partido en la oposición, pero si la estrategia colectiva apunta a preservarla para una contienda mayor, la disciplina del grupo implica reservarla para intervenciones de alto impacto y evitar su desgaste cotidiano.
De manera análoga, el fortalecimiento de un equipo no radica en ubicar a todos en la primera línea, sino en complementar perfiles. Francisco Javier García encarna la experiencia del administrador prudente. Proponerlo para la Vicepresidencia no es disminuir su valía, sino reconocer que la estabilidad de un gobierno se afianza con perfiles que articulan inteligentemente la gestión. La vicepresidencia es el ancla de la gobernabilidad diaria, y depositar allí la mesura es un acto que honra el espíritu de unidad. La grandeza está en servir con lealtad desde el lugar donde mejor se contribuye al todo.
Hoy, 4 de julio, recordamos el espíritu de 1776: la valentía de decir "basta" al abuso de poder. A los norteamericanos, un respetuoso saludo en su aniversario de independencia. Esa llama de libertad nos inspira a quienes buscamos un cambio profundo en República Dominicana. En ese camino, encuentro como proponente de la economía social de mercado para la República Dominicana puntos en común con el pensamiento libertario que representa Fernando Abreu. No comenzaré discutiendo el tamaño del Estado, sino los acuerdos. Coincido en que el gobierno no debe abusar de la gente. Queremos menos corrupción, más transparencia y reglas claras. La libertad individual para hablar, emprender y vivir sin injerencias innecesarias es fundamental. La meritocracia, tanto absoluta como relativa, debe imperar sobre los contactos políticos. La burocracia excesiva desespera; un Estado eficiente vale más que uno lento.
Reconozco que muchas propuestas de Ramfis Domínguez son buenas y audaces. Su planteamiento de descentralizar el gobierno hacia un sistema federalista, donde las provincias manejen sus recursos, es una idea de peso que reduciría la corrupción, el desperdicio y mejoraría la calidad de vida de nuestras poblaciones. También es audaz su propuesta de elevar la inversión en educación, así como la mera mención de energía nuclear libre de riesgos QUE DEBE ESTAR MAS PRESENTE EN SU DISCURSO. Son propuestas que apuntan a un Estado más eficiente y cercano.
Donde choquemos —como en el tamaño del Estado o programas sociales— está bien. No hace falta pensar igual en todo para construir acuerdos. La conversación cambia cuando dejamos de preguntar "¿más Estado o menos Estado?" y preguntamos "¿qué funciona mejor para que la gente viva con más libertad, seguridad y oportunidades?": que trabajar deje, que la dignidad no se negocia más también es cierto que como mortales debemos rehusar la soberbia epistemica de creernos los unicos poseedores absolutos de qué es para Dios la dignidad plena. Por eso propongo, en vez de pelear por menudencias, que prefiero hablar de principios y el análisis tecnico de las políticas públicas basadas en evidencia. Si alguien es libertario porque quiere menos abuso de poder y más responsabilidad, tenemos terreno para conversar. La política no es una competencia de quién grita más, sino de quién tiene las mejores ideas para resolver problemas reales, y de quien puede mejor aplicar dichas ideas a nuestra realidad cotidiana.
Es cuanto de mi parte.
Las rosas son rojas
Las violetas azules
Buenaventura está aquí
No voy a decir ni jí

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