Wednesday, August 19, 2026

Cuentario: Retratos de la Capital. SEGUNDA PARTE.

Tercer retrato: ¡Ponte positivo!


    Era Juancito un joven de clase media-baja. Tenía fama de ser muy realista, pero algunos se quejaban de que su realismo era en exceso pesimista. Un día, le roban sus zapatillas.


    De inmediato se aparece un amigo. Y le obsequia un par que tenía, para que no ande descalzo. Juancito ha dicho: "Estas son dos tallas menores, pero ya sé que me diras 'ponte positivo' y se me ha occurido que puedo venderlas o intercambiarlas para conseguir unas que me queden".


-"Bien hecho", le contesta su amigo.


-"No sé puede ser tan negativo. ¡Cambia tu forma de ver al mundo, y el mundo entero cambiará a tu alrededor!", sigue su amigo.


Sucede y viene al caso que, caminando en la Avenida Duarte de la capital dominicana, ve una tienda de tenis usados. Va con sus tenis, dos tallas menores que la del, y le pregunta al dependiente si puede cambiarlas. Pone cara de quien no sabe si debe venderlas. Pero el dependiente le señala un estante con unos tenis en liquidación y le dice "Te las puedo cambiar por cualquiera de esas".


    Para su sorpresa, soñaba con tener unos tenis Adidas Samba. ¡Y ahi estaba! ¡Y de su talla! Se los lleva sin probarlos. Pero hay un problema.


    Sucede que el tenis no le acomoda para nada. Ahi dice "Ya si me jodí". Empieza a buscar en una I.A. y se entera, tras subir fotos de sus pies, que el tenis ideal para el es uno hecho para jugar baloncesto, no para jugar futbol.


    Enloquece de ira, pero entonces ya sabe que ahora se supone que busque a alguien que necesitaba unos tenis Adidas Samba y se compró los marca Jordan para intercambiar. De buenas a primeras, parece que la positividad esta funcionando porque lo encuentra de inmediato en el Parque Independencia, que queda por su casa. Realizan el intercambio.


    Pocas semanas después, un amigo famoso por negocios turbios le empieza a reclamar porque anda diciendo que por más positivo que se sea, el jamás podrá usar tenis Samba, pero que le da gracias a Dios que encontró unos buenos Jordan. Empieza a pregonar que la perfección no existe, pero que es verdad que es inimaginable cuanto subestimamos a veces cuanto si está bajo nuestro control y podemos cambiar, no obstante las barreras estructurales, para lo otro.


    Pero, como de costumbre, de buenas a primera empiezan a decirle que tiene que ponerse positivo. Le repiten como una gallareta loca "¡Ponte positivo!". Es ahí que decide comprar materiales para tenis y se manda a hacer una replica de los Samba pero con la ergonomía de los Jordan. Más alguien se entera y le empiezan a relajar. Se convierte en la burla del vecindario porque su sueño era usar Sambas y todavía siguen diciendo que si el quiere usar Sambas originales, ¡querer es poder!.


    En un colmadon, bebiendo cerveza, implora: "¿¡Qué más quieren que haga!?". Sigue diciendo "¡Ya no hay más que esté bajo mi control!". El grupo responde al unísono: "¡Ponte positivo!".


    Entonces, sucede y viene al caso que se enteró que gente de la casa matriz de Adidas iba a venir al país a inaugurar una zona franca. Invierte un buen dinero para conseguir acceso a los representantes de la marca para pedirles que le vendan un tenis Adidas Samba original pero hecho a la medida. Ofrece hacer horas extras en la zona franca si lo contratan, ser el último en irse, dormir ahí si es necesario, además de correr con el costo completo del tenis que quería.


    Sin embargo uno de los ejecutivos llama a seguridad. "¡¿Quien dejó pasar a este?!", dice incredulo. "¡Llamen a la policía! ¡Tiene un tenis que violenta nuestros derechos de propiedad intelectual!". Se lo llevan para la cárcel de La Victoria. Una vez dentro, un privado de libertad que tenía varios meses en prisión preventiva sin juicio le dice que le tiene que dar los tenis. Algo asustado, dice para sus adentros: "¡Y encima de, ahora 'toy yo de'calzo otra ve'!".


    Un pana lo va a visitar en la cárcel y le dice, "no e' por na' loco, pero yo me hubiese hecho lo' teni' yo mi'mo en la máquina, es mejor pedir perdón que pedir permiso".

FIN.




Cuarto retrato: El especulador patriótico.


    Era Juan Miguel un joven de muchas luces. Muy brillante y muy honesto era lo que más se decía de el. Cuando niño tenía un chofer que le era muy fiel. Venía de familia adinerada y su chofer era militar retirado.


    Su país entró en una crisis. Se vio obligado a emigrar a Europa. Estaba siendo hostigado por su activismo ambiental y a favor de los derechos de los trabajadores. No conseguía empleo como médico. "¡Qué falta va a hacer ese médico tan bueno!", decían personas de todos los estratos sociales. "Ese sana a tó'l mundo, aunque no tenga cuarto", solían agregar en clubes y bares. "Por eso es que no lo quieren aquí", decian los gremialistas en reuniones de su partido a puertas cerradas.


    Ya establecido en España, tras un año en Madrid, se mudó a Barcelona. Consiguió un empleo muy bueno en una iniciativa biotecnológica que le mantenía en contacto con los asuntos ambientales latinoamericanos. Su antiguo chofer, devenido en mayorista de productos agricolas, todavía le dispensaba mucho afecto.


-"Ay Juan Miguel, esto si esta duro", le dijo en una de las esporádicas llamadas que le dispensaba cuando podía.


-"Qué pasa, mi Indio, ¿está dura la calle?", le pregunta Juan Miguel.


-"No ombe Juanmi, e' que ya ni calle hay", le responde el Indio.


-"Mire lo que vamos a hacer, mi Indio...¡cuénteme lo que se tá moviendo lento!", le dice Juan Miguel.


-"La habichuela, Juanmi", le contesta el Indio.


-"¿Uté conoce a tó lo que bregan con habichuela?", le pregunta Juan Miguel.


-"Oh si, como no, yo creo que si", le responde el Indio.


-"Y los empleados en los bancos, su hija trabaja ahí, ¿tiene liderazgo ella allá?", sigue preguntando Juan Miguel.


-"Yo diría que si, a ella la buscan siempre para muchas cosas", dice el Indio con voz meditativa.


-"¿Uté se acuerda de Gueserna, el venezolano que no se despega del celular?", le pregunta Juan Miguel.


-"Oh si, como no, el es una buena persona a mi entender", le dice el Indio.


-"Mire, yo voy a llamarlo y él lo va a buscar", sentencia Juan Miguel.


    Un mes después, Juan Miguel solo recuerda protestas en la comunidad del Indio con neumáticos encendidos, y solo porqué de cuando en vez seguía medios comunitarios. A Gueserna le dieron un grupo de personas cincuenta mil pesos cada uno. Gueserna en un mes les devolvió ochenta mil pesos por cabeza, aunque se lo entregó todo al Indio.





FIN.



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