Thursday, June 11, 2026

Una conversación necesaria sobre la gobernanza de los océanos

Una conversación necesaria sobre la gobernanza de los océanos

    Recientemente tuve el honor de participar como invitado en el conversatorio sobre el Tratado de Alta Mar y sus implicaciones para la República Dominicana, celebrado en la Universidad APEC. El encuentro reunió a representantes de distintas instituciones vinculadas a la gestión ambiental, el ámbito marítimo y la cooperación internacional para reflexionar sobre uno de los desarrollos más importantes de los últimos años en materia de gobernanza oceánica.

    Para mí, recibir esta invitación fue algo trascendental. Más allá de las diferencias de opinión que puedan existir sobre aspectos específicos del acuerdo, resulta alentador ver cómo diversos sectores del país están dedicando tiempo y recursos a discutir seriamente el futuro de nuestros océanos y la conservación de la biodiversidad marina.

    Durante mi intervención, realizada al final del panel, compartí una reflexión sobre lo que considero una relativa debilidad del tratado en materia de bioregionalismo. Al mismo tiempo, destaqué algo que me pareció muy positivo: la existencia de conciencia dentro de las instituciones responsables de la gestión ambiental sobre la importancia de estos enfoques para la conservación y la gobernanza de los recursos naturales.

    También se abordó el tema de la coordinación institucional. Comenté que, si efectivamente existe un problema de dispersión entre organismos con competencias relacionadas, sería importante identificar sus causas y, mientras se fortalecen los mecanismos de coordinación, implementar medidas que permitan mitigar los efectos de esa dispersión. Como respuesta, se señaló que más que una dispersión institucional, existe la necesidad de poner plenamente en funcionamiento mecanismos de coordinación ya previstos para articular el trabajo de numerosas entidades públicas involucradas en la gestión marítima y ambiental.

    Uno de los aspectos que más valoré del encuentro fue precisamente el tono del diálogo, más profundo y eficiente que el de los estados hispanoamericanos tradicionales. Las diferencias de perspectiva no se presentaron como obstáculos, sino como oportunidades para enriquecer la discusión y mejorar las políticas públicas.

    Como nota curiosa, asistí vestido con toga y birrete. Al finalizar el evento, durante mi viaje de regreso en DidiMoto, el conductor me preguntó varias veces si realmente era abogado. No parecía muy convencido. Finalmente tuve que mostrarle mi carnet del Colegio de Abogados para disipar sus dudas. Al parecer, para él era más fácil creer que acababa de salir de una película que de un conversatorio académico.

    Más allá de la anécdota, regresé a casa con la satisfacción de haber participado en una conversación seria, constructiva y necesaria sobre un tema que tendrá cada vez más importancia para el futuro de nuestro país y de nuestros mares.


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